
El anuncio del presidente de Ecuador, Daniel Noboa, de imponer un arancel del 30 % a las importaciones a partir del 1 de febrero de 2026, encendió las alarmas en Colombia y puso en jaque a uno de los sectores más emblemáticos de Cundinamarca: la floricultura. La medida amenaza directamente a una actividad que genera miles de empleos y sostiene la economía de numerosos municipios del departamento.
Las flores, símbolo de orgullo regional y motor productivo, podrían recibir un golpe severo. Con el nuevo arancel, exportar a Ecuador será más costoso, lo que reduce la competitividad de los productores colombianos frente a otros mercados. El impacto no sería menor: menos ventas, caída de ingresos, recortes de personal y una presión adicional sobre familias que dependen del cultivo y la comercialización de rosas, claveles y otras especies.
El gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey, calificó la situación como alarmante y pidió atención inmediata del Gobierno nacional. “La floricultura es uno de los sectores más vulnerables frente a este arancel. Estamos hablando de empleos que podrían perderse, de inversiones que se frenarían y de familias que dependen de cada cosecha para subsistir”, advirtió.
Mientras el Gobierno colombiano evalúa acciones diplomáticas y comerciales para mitigar el impacto de la medida, en el sector floricultor crece la incertidumbre. Productores y trabajadores temen que la temporada de ventas se vea truncada y que los contratos de exportación se reduzcan o cancelen.
El posible arancel no solo amenaza cifras y balances, sino el sustento de miles de hogares en Cundinamarca. Si no se logra una salida rápida, la región podría enfrentar un efecto dominó que afecte el empleo, la economía local y la estabilidad social, justo en uno de sus sectores más representativos.




























