«Niños» atracadores por la calle 13

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La inseguridad es una de las grandes preocupaciones de nosotros los Colombianos, pero es aún más preocupante de las personas que diariamente se desplazan de los municipios como Mosquera, Madrid, Funza, Bojacá, Facatativá, entre otros hacia Bogotá.

El pasado Martes me dirigía a mi casa luego de una larga jornada de estudio y trabajo en Bogotá, tomé mi ruta como lo suelo hacer hace más de tres años. Primero Transmilenio a las 7.00 pm desde la estación de la calle 45, que claro es una de las mas congestionadas ya que por la zona hay muchas oficinas y sobre todo Universidades; al entrar a la estación mi bolso siempre se encuentra en mi frente por aquello de los robos y la inseguridad que día a día vemos en este sistema, luego de ingresar, por fin, a uno de los articulados me sentí tranquila que ya pronto estaría más cerca de tomar mi segundo bus, los que llamamos intermunicipal, y que pronto llegaría a mi casa.

Así fue, 35 minutos después me encontraba en el siguiente bus de tabla amarilla, con destino a Mosquera; el bus tomaría la calle 13 y pasaría ciertos filtros de trancon con la calle 68 y luego la avenida Boyacá, después de esté todo iría bien pues a las 7.45 pm el tráfico ha disminuido. Y claro todo iba como siempre solía ser, a veces somos muy confiados porque al realizar el mismo recorrido sin ningún percance nos acostumbramos que nada puede pasar.

A las 8.05 pm, y muy cerca de mi destino, 5 muchachos de no más de 15 años detienen el bus en el cual me encontraba en el último semáforo de la calle 13, el lugar conocido como Puente Grande, allí una niña que tal vez tendría 13 años de edad se ubica en la parte delantera del bus sin posibilidades que este pueda arrancar haciendo diferentes señas y pidiendo indicaciones mientras que sus compañeras se disponen a subir. Cuando esto sucedida los «niños» sacaban de sus bolsillos navajas y observaban desde las ventanas las pertenencias que traían los pasajeros.

El desconcierto de cada una de las personas que se encontraban allí era impresionante, primero miedo, luego indignación. Los «niños» subieron hasta que escucharon los grito de una mujer que vio los armas y que gritaba «señor por favor arranque tienen cuchillos», el conductor entró en «shock» y ni cerró las puertas ni arrancó, incluso me pareció extraña su reacción, sin embargo estos personajes que tal vez novatos en sus acciones bajaron corriendo del bus al escuchar las suplicas de más de un pasajero. 5 segundos que parecieron minutos eternos hasta que el bus se puso en movimiento, inmediatamente al llegar al peaje el conductor aviso a sus otros compañeros de lo sucedido en ese ultimo semáforo.

Este tipo de acciones no dejan de abrumar a la ciudadanía, ¿cómo es posible que niños estén tentados a realizar este tipo de hechos? ¿dónde estaban sus padres? ¿haciendo lo mismo? la inseguridad azota Bogotá, azota cada zona cercana y ya estamos cansados que todo lo que conseguimos con esfuerza nos sea quitado por criminales que se lo consumen en un día o menos.