
Las fuertes lluvias que se vienen registrando en diferentes zonas de Cundinamarca vuelven a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de algunas vías, puentes y corredores rurales del departamento.
El caso más reciente se presenta en Guayabetal, donde colapsó el puente El Ocal luego de las lluvias y del movimiento de sedimentos registrado en las cuencas de los ríos Negro y Blanco. La emergencia afecta la conectividad de la zona y obligó a las autoridades departamentales a buscar alternativas para garantizar el paso y el abastecimiento de las comunidades.
Ante la situación, el gobernador Jorge Emilio Rey anunció que se adelantarán los diseños para construir un nuevo puente y que, mientras se desarrolla esta solución definitiva, se construirá una tarabita que permita mantener el acceso de productos y suministros.
El hecho vuelve a generar preocupación sobre el estado de la infraestructura vial en sectores rurales, especialmente durante temporadas de lluvias intensas, cuando aumentan los riesgos de deslizamientos, crecientes súbitas y afectaciones en las carreteras.
El tema también permite poner la mirada sobre otros municipios de Cundinamarca donde las precipitaciones pueden generar dificultades de movilidad y afectar a comunidades que dependen de corredores rurales para transportar alimentos, acceder a servicios y movilizarse hacia los centros urbanos.