
Este segundo tema tiene incluso más posibilidades de convertirse en una nota explicativa.
La CAR publicó este lunes 21 de septiembre una advertencia sobre las consecuencias que permanecen después de controlar un incendio forestal. Según la entidad, un bosque afectado por el fuego puede requerir aproximadamente entre 25 y 30 años para recuperarse, dependiendo del ecosistema y de las estrategias de restauración que se implementen.
El problema comienza cuando se apagan las llamas
Una de las ideas centrales de la CAR es que apagar el incendio no significa que el ecosistema haya vuelto a la normalidad.
El fuego puede destruir vegetación, materia orgánica y organismos presentes en el suelo. También puede modificar propiedades como el pH y la disponibilidad de nutrientes.
La vegetación cumple además una función de protección. Cuando desaparece, el suelo queda expuesto directamente a las condiciones climáticas.
También está en juego el agua
La CAR advierte que los daños pueden afectar la capacidad del territorio para regular y almacenar agua.
Los ecosistemas de alta montaña son particularmente importantes en este aspecto. La entidad señala entre los ecosistemas sensibles a páramos, bosques andinos y ecosistemas de alta montaña.
En los páramos, por ejemplo, los incendios pueden afectar especies como frailejones, pajonales y matorrales altoandinos, mientras que en los bosques andinos pueden resultar afectadas especies nativas de crecimiento lento.




























